Presencias secándose

Imagen: Wet asphalt two – Autor: Carlos DÍAZ

De sus ojos brotó el manto reflectivo líquido, el desahogo poético del suceso quebrantable. Mi presencia permeable de su vertiente sincera y mis brazos sin dudas le dieron el fuerte abrazo a la intranquilidad desesperante. Su tristeza de valentía inquebrantable pudo colapsar nocturna por primera vez ante mi existencia. El epicentro de su pecho sintiéndose burlado y los pliegues del alma fisurados.

Fue derramando escalofríos cual pintura abstracta; pinceladas singulares de la pena. De su tristeza gotea depresiva acuarela sobre el papel del alma,  manchándose de colores fríos, escala de grises y rojizos. Sus pestañas mojadas descansan cerca de mi pecho; párpados agotados cerrándose con rabia decepción. 

Consuelo grita la impotencia; desea irse lejos para dejar de sentir desesperanza.  Su dolor intenso sin sedante eficaz; miedo desesperante cual pesadilla de muerte. Rabia agonizante intentando resignarse; sentimiento incesante de perdida. Luto al amor.

La abrazo fuerte aferrándola a la vida; armadura cálida entrelazando su espalda, cintura y alma, blindaje leal para sus raíces pisoteadas, terapia momentánea y honesta  que va amortiguando el vacío; sabemos que se necesita tiempo.

El coraje en taquicardia con el recuerdo fresco. El entorno va quedándose sin decibeles, no interesa lo de afuera cuando se quema adentro. Es inevitable que luego se avecine el frío. Mantente fuerte, tendrás que peregrinar el desastre; se que lo lograrás. 

Te conozco se que después me ignorarás, quizá olvides que te di el abrazo en el abismo, indiferencia es lo que recibo luego de acompañarte a superar el suceso relatado. Se repiten las lejanías y desencuentros; voy creyendo que nunca será el momento. Me alegra saber como vas sanando y el sin sentido va encontrando el rumbo. Han pasado 7 meses desde que conocí tus lágrimas y te acompañé a bajar de la cumbre de tu pena; la frase motivacional la dicta el coraje. También ya han pasado 7 años desde que he pensado en ti; siempre reencontrándonos para después volver a secarse las presencias.  

Sabemos que se aproxima el momento de perderemos otra vez y he tenido el presagio de que cuando nos reencuentre la travesía de nuevo, esta sería la última; ya no seré el mismo, guarda siempre lo mejor de mí.

Daniel Villarreal

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